Fuerteventura, un mar de dunas en el Atlántico
La isla de Fuerteventura no se parece a ningún otro destino. Las Islas Canarias llaman la atención de quienes las visitan por ser tan increíblemente distintas unas de las otras, ofreciendo una enorme diversidad paisajística e incluso climática al viajero. Fuerteventura no es una excepción; esta isla, la más antigua de las Afortunadas, ofrece una increíble extensión de playas solitarias (las más bellas del Atlántico, según dicen) y una serie de espectaculares paisajes a todo el que quiera ir a descubrir sus misterios.
Fuerteventura se extiende en el Atlántico con un total de 1.659 km2, poblados por 100.929 habitantes que ocupan distintas localidades; a estos pobladores se les conoce como majoreros, gentilicio derivado de uno de los primitivos nombres de la isla . La capital, Puerto del Rosario, antiguamente respondía al original nombre de Puerto Cabra, y es allí donde se concentran los monumentos y edificios históricos de la isla, así como los restaurantes y la vida nocturna más animada. Pero el viajero que acude a esta isla no busca por lo general un turismo de veraneo al uso; la práctica de deportes acuáticos como el windsuf, el kite-surf o el submarinismo atrae todos los años a fanáticos del mar y la playa, y sus increíbles paisajes volcánicos, extensiones kilométricas de dunas y formaciones rocosas son objeto de admiración del viajero que busca algo nuevo que contemplar.
Las playas son, efectivamente, uno de los atractivos más importantes de Fuerteventura. Setenta y siete kilómetros de arena y aguas turquesas tienen la culpa: extensiones de arenas blancas y negras, finísimas o gruesas, cantos rodados o mezcla de ambos materiales… Desde luego, será imposible no localizar un sitio donde colocar nuestra toalla. Las playas solitarias de Fuerteventura son perfectas para relajarse bajo el sol, sentir la Naturaleza a flor de piel o practicar el nudismo, sin olvidarse de los antes mencionados deportes acuáticos, muchos de los cuales agradecen la presencia de suaves vientos.
Fuerteventura fue declarada Reserva de la Biosfera en el año 2.006. Cuenta con trece espacios naturales protegidos, entre los cuales destacan las célebres Dunas de Corralero, que harán sentirse al viajero como en el mismo desierto del Sáhara. Y por supuesto, sin olvidarnos de otros fantásticos enclaves como la Montaña de Tindaya, el Pico de la Atalaya (762 m), la Zona del Malpaís… Estos bellísimos parajes se ven favorecidos por una temperatura media de 20,4º C y aguas templadas en las que habitan especies de fauna tropical.
Sus pueblos pesqueros, recónditos y pintorescos; su gastronomía con quesos famosos internacionalmente y gran variedad de pescados; su calendario de fiestas, plagado de encanto tradicional, y la misteriosa y espectacular belleza de sus formaciones rocosas y costas, hacen de Fuerteventura un lugar tan mágico como inolvidable.